domingo, 2 de septiembre de 2007

¿Por dónde hay que empujar este país para llevarlo adelante?


Sinceramente, no me gusta hablar de política! ¿por que?
  1. No se de política. Aunque no hace falta tener tal conocimiento para darse cuenta que este país se gobierna con las patas! Todo el mundo tiene la culpa menos uno y resulta que por andar resolviendo los problemas del país no queda tiempo para un buen gobierno.
  2. Me gusta respetar la opinión de los demás. Y es que del tema no se puede dialogar tranquilamente, la mayoría de las veces todo termina en una discusión que si se asemeja con los dimes y diretes políticos es pura coincidencia.
  3. La Afinidad Circo-Politica cada vez es mayor. Solo hace falta ver los periódicos, la tele, o escuchar el radio para tener un momento risible cuando se habla de política.
  4. Es Repetitiva. Todos los años se promete lo mismo, todos los años son las mismas discusiones, Todos los años hay mejora y al final resulta que estamos igual.
  5. Todos tienen la razón y a la vez nadie la tiene.

Es por eso que esporádicamente tocare el tema en mi blog; Prefiero poner chistes!

La señorita Peripalda les hizo una pregunta a los niños del catecismo: «¿Cómo reconocerían ustedes a Adán entre los hombres de la antigüedad?». Esperaba que le respondieran que sería fácil reconocerlo, pues Adán no tenía ombligo. Pero Pepito contestó: «Yo les diría a todos: -Vayan a tiznar a su madre-. El que no fuera, ése sería Adán.»

La bondadosa dama le dio una moneda al pordiosero. «Tenga, buen hombre -le dijo-. Pero no se lo vaya a gastar en la primera cantina que vea». «-No, señora -promete el mendigante-. Me esperaré a la segunda.»

La señora de barrio pobre le informó a la trabajadora social: «Tengo 12 hijos, todos del mismo padre». «¿En qué trabaja su marido?» -quiso saber la muchacha. «-No sé -respondió la mujer-. Me abandonó hace 10 años». «Perdone -se desconcierta la trabajadora-. Me dice usted que tiene 12 hijos, y sin embargo su esposo la dejó hace 10 años. ¿Cómo está eso?». Explica la señora: «Es que el pobre viene cada año a disculparse.»

Dime: esa mujer, Libiana, ¿de veras es tan ligera como dicen?». Responde el otro: «Cómo será de ligera, que en su cama tiene un letrero que dice: -Hora feliz de 7 a 9 de la noche. Dos por el precio de uno.»

Bustolina Grandchichier, mujer de busto proceroso, iba en el elevador. «No empuje, señorita» -protestan los demás que iban con ella. «No estoy empujando -se defiende ella-. Estoy respirando.»

El padre Arsilio era algo sordo. Un hombre fue a confesarse con él y le dijo: «Me acuso, señor cura, de que tengo relaciones con una mujer casada». «No te oigo» -repuso el sacerdote. Repitió el individuo en voz más alta: «¡Me acuso de que tengo relaciones con una mujer casada!». «Habla más fuerte» -repitió el padre Arsilio. Casi gritando volvió a decir el hombre: «¡¡¡Le digo que tengo relaciones con una mujer casada!!!». Para entonces ya todas las feligresas que estaban en el templo había oído aquello, y volvían la vista con curiosidad hacia el confesonario. Al advertir eso el tipo se asoma y les dice: «En vista de lo sucedido, señoras mías, no me queda más que ponerme a sus apreciables órdenes»

El Señor hizo el arco iris. ¡Qué bellos sus colores! Eran siete, cada uno prodigio del mundo, gala de inauguración del cielo. Todos los animales quedaron encantados al ver sobre la comba azul del cielo aquella curva colorida. Las aves, que entonces eran grises, pasaron volando a través de ella y pintaron sus plumas con los lucientes tonos irisados. Adán, hombre común, supo que del arco iris iban a nacer bellas canciones, maravillosas leyendas, versos hermosos. Pero en eso llegó un crítico de cine y dijo con desdén: -La verdad, hay más arte en el blanco y negro.

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